Escuelas en Kenia y agua potable en Bolivia: esta es la ayuda vallisoletana para mejorar el mundo

El Ayuntamiento destinó el año pasado 341.000 euros para financiar proyectos de cooperación al desarrollo impulsados por diversas ONG

Ashley Gisela Alvarado tiene 19 años, melena negra, una sonrisa esperanzada y un futuro con el que ni siquiera hace unos meses podía imaginar. Llegó a Puyo, una ciudad de 33.000 habitantes situada a las puertas de la Amazonía ecuatoriana, en su huida de la pobreza y la violencia. Lo hizo acompañada de su madre y sus cuatro hermanas. «Vinimos en busca de nuevas oportunidades de trabajo y estudios», asegura esta joven, de nacionalidad kichwa, en un vídeo enviado desde el otro lado del océano, con una camiseta que dice ‘True love is forever’ (el amor verdadero es para siempre).

Ella es una de las jóvenes acogidas y atendidas por el proyecto Encuentro que Cáritas Valladolid desarrolla en esta zona de Ecuador, y que cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de la capital. El Consistorio vallisoletano, a través de la concejalía de Personas Mayores, Familia y Servicios Sociales, aportó el año pasado 38.450 euros para subvencionar este proyecto, que obtuvo en 2021 el primer premio Dimensión Universidad de la Caridad, otorgado por Cáritas Española.

En total, el Ayuntamiento reservó en 2025 una partida de 340.999,99 euros para financiar ocho proyectos de Cooperación del Desarrollo y otros 37.485 para iniciativas de acción humanitaria. A estas cantidades, habría que sumar las aportaciones extraordinarias habilitadas para hacer frente a emergencias. Esta misma semana, por ejemplo, se han destinado 10.000 euros para apoyar la intervención urgente desplegada por Cruz Roja por el terremoto de Colombia. Y esa misma cantidad llegó desde Valladolid, el 26 de junio, para los trabajos de Unicef después de los seísmos en Venezuela.

Estas iniciativas, recuerdan desde el Consistorio, están incluidas en el Plan Municipal de Cooperación al Desarrollo 2025-2028 y permiten apoyar desde Valladolid acciones encaminadas a mejorar la vida (al menos intentarlo) de personas como Ashley Gisela, quien gracias al proyecto Encuentro de Cáritas Valladolid ha iniciado sus estudios de Arquitectura, el primer semestre, en la Universidad Estatal Amazónica. Su objetivo es terminar la carrera y encontrar trabajo «para ayudar a mi mami y compartir mis conocimientos adquiridos en diferentes comunidades de la Amazonía».

Carlos San Segundo, educador de Cáritas Valladolid que este mes de agosto ha viajado de nuevo hasta Ecuador para impulsar el proyecto, recuerda que Ashley y su familia proceden de una zona «muy conflictiva», en los terrenos de una antigua hacienda agroindustrial cuya titularidad está en un «vacío legal que provoca situaciones de tensión y de violencia». Es, sin duda, uno de los conflictos de tierras más complejos de Ecuador.

La delicada situación en la que viven 7.000 personas la ha resumido Jhuliana Monserrate Peñafiel, de la Universidad Central de Ecuador, en su trabajo ‘Efectos negativos del desalojo territorial de las invasiones generadas en la ex hacienda Té Zulay, en la población indígena del lugar’. En el año 2010, cuenta Peñafiel, se desencadenó un «problema social» en Ecuador después de que «2.000 familias provenientes del interior invadieron» unos terrenos en Pastaza, las 905,3 hectáreas de una hacienda para el cultivo y procesamiento del té, llamada Té Zulay. La empresa fue fundada en 1930 y en 1968 se especializó en la producción de té. A finales de los años 90, debido a la crisis bancaria, la compañía quebró, cerró, y los terrenos –que habían quedado en un limbo legal– fueron ocupados por población indígena del lugar, que reclamaba la propiedad ancestral de las parcelas. Allí, levantaron unas viviendas precarias que carecen de luz, agua o alcantarillado.

«Las condiciones de vida son infrahumanas», resume San Segundo, quien recuerda que estas familias están sometidas a continuas amenazas de desalojo, que provocan situaciones de tensión y violencia. Desde ahí escapó Ashley con su familia para encontrar cobijo en la ciudad de Puyo y en el proyecto emprendido por Cáritas, para desarrollar »programas formativos y de acción integral para mejorar las oportunidades de la población local». Gracias a este apoyo con raíces en Valladolid Ashley, por ejemplo, ha podido aspirar a un futuro universitario.

Pero este es solo uno de los ocho proyectos de Cooperación al Desarrollo subvencionados desde el Ayuntamiento. También en América Latina, esta vez en Bolivia, el Consistorio financia con 48.200 euros el programa de la ONG Fabre para facilitar «al acceso al agua potable de manera universal, equitativa y sostenible en la comunidad indígena de Santa Elena, en Concepción». El dinero ha servido para instalar una bomba sumergible en el tanque de agua que ya posee la comunidad, así como para mejorar las conexiones con las casas y dotar al sistema de un generador solar. Esta inversión dotará de agua potable a un núcleo formado por 121 personas (de ellas, 62 mujeres) que ha recibido también talleres de higiene y prevención de enfermedades.

Uno de los tanques de agua potable que abastece la comunidad indígena de Santa Elena, en Bolivia, en un proyecto de Fabre que cuenta con la ayuda del Ayuntamiento de Valladolid. (El Norte)

También en Bolivia trabaja Enraíza Derechos, ONG que invertirá 49.884 euros en programas de empleo y desarrollo económico para 250 mujeres y jóvenes de la zona amazónica de aquel país que, como recuerdan desde la entidad, sufre «importante bolsas de pobreza, donde la desigualdad es muy alta», con 2,4 millones de niños menores de cinco años con desnutrición.

Sin abandonar el continente americano, en El Salvador, ACPP (Asamblea de Cooperación por la Paz) ha recibido 39.977,14 euros para un programa que favorece la autonomía económica de las mujeres mediante iniciativas de cuidados.

Mejoras en una escuela, un hospital y en la FP

La ayuda vallisoletana ha llegado además a cinco propuestas desplegadas en África. La Fundación Dilaya ha obtenido 49.944 euros para mejorar las instalaciones de las escuelas San José de Emaús, en Kenia, e implantar un servicio de transporte escolar. La Fraternidad de la Santa Cruz y Todos los Santos fundó la misión de Emaús en 2004, con la escuela como uno de los puntos centrales, que en la actualidad atiende a 220 alumnos. El Ayuntamiento ha contribuido otros años con la equipación de ordenadores y esta vez ayudará a reparar los problemas estructurales que sufren las instalaciones, «agravadas por las fuertes inundaciones de 2023 y 2024 y por las condiciones climáticas extremas de la zona, donde las temperaturas alcanzan 40 grados y las lluvias son escasas e irregulares». El dinero servirá para financiar además vehículos de transporte escolar, «para que los alumnos puedan acudir a la escuela de forma segura, evitando largas caminatas diarias», explican desde la Fundación Dilaya, donde recuerdan que el condado de Tana River, donde se encuentra el centro, tiene altos índices de vulnerabilidad: «El 66% de la población vive en situación de pobreza y el 22%, de extrema pobreza».

Amigos de Monkole impulsa un hospital en Kinshasa, en la República Democrática del Congo, que ha modernizado su unidad de cuidados pedriátricos con ayuda llegada desde Valladolid.

La misma cantidad (49.994 euros) ha llegado a Amigos de Monkole, entidad que financia la ampliación y modernización de la unidad de cuidados pedriáticos en el hospital Monkole, en Kinshasa, en la República Democrática del Congo. Así, se ha dotado al centro de «nuevo equipamiento biomédico esencial para la atención de pacientes críticos, incluyendo camas hospitalarias pediátricas, monitores multiparamétricos y dispositivos de soporte clínico», que benefician, de forma directa, a 400 niños, e indirecta, a 3.600 familiares y cuidadores. «Estos avances son relevantes en un contexto donde el acceso a cuidados intensivos pediátricos es muy limitado», aseguran desde la ONG, que recuerda que la mortalidad infantil «sigue siendo uno de los grandes desafíos sanitarios» de la República Democrática del Congo.

En ese mismo país, Proclade coordina el proyecto ‘Tejiendo futuro’, que ha percibido 18.410,38 euros para programas de formación profesional de mujeres en el barrio de Badara, en el municipio de N’Sele. El centro de vida activa de Huerta del Rey alberga durante esta semana (en la que se ha celebrado el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, 19 de agosto) una exposición fotográfica que repasa este proyecto que, como explican desde Proclade, «da respuesta a una realidad marcada por la pobreza, el desempleo y la falta de oportunidades educativas y laborales para muchas mujeres, especialmente aquellas que son madres, han sufrido procesos de exclusión social o cuentan con escasos recursos para acceder a una formación profesional». Así, el dinero ha permitido construir y poner en funcionamiento el centro de Formación Profesional (en costura y confección, estética y elaboración de productos sanitarios).

Por último, la Fundación Marianistas para el Desarrollo promueve en Mombasa y Ukunda (Kenia) un proyecto de empleo para jóvenes vulnerables, especialmente mujeres, que ha recibido 46.140 euros.

Proyectos de acción humanitaria

Junto a estos proyectos concretos de cooperación, la intervención del Ayuntamiento en los países en vías de desarrollo se articula a través de las convocatorias de acción humanitaria, que el año pasado alcanzaron tres intervenciones que se desarrollaron en Colombia, Chad y Haití-República Dominicana.

El primero (financiado con 10.485 euros) es el proyecto de asistencia humanitaria emprendido por ACPP para familias desplazadas en Apartadó, Antioquía (Colombia), que han tenido que huir de sus hogares ya que el territorio, cerca de la frontera con Panamá, es disputado por grupos guerrilleros y paramilitares, que han instalado la violencia en la zona. La ONG proporciona apoyo alimentario, facilita medidas de higiene y ofrece apoyo psicosocial a estas familias, en una ayuda concedida, explican desde el Consistorio, «con la condición de no justificar gastos de personal expatriado».

Beneficiarios del programa de asistencia humanitaria en la frontera de Haití y República Dominicana, con el reparto de kit de alimentos, de la mano de Proclade. (El Norte)

El segundo, promovido por Unicef, afronta con 13.500 euros vallisoletanos la crisis de malnutrición que viven niños menores de cinco años en la provincia de Sila, en Chad. De acuerdo con los datos que maneja esta entidad, uno de cada diez niños de este país nunca llega a cumplir los cinco años porque fallecen antes. Nueve de cada diez no come lo suficiente o no tiene acceso a alimentos nutritivos y variados. Y, además, uno de cada diez padece desnutrición aguda (1,8 millones). De ellos, 380.000 la sufren en condiciones severas y graves, que son «la forma más letal de desnutrición y una de las principales amenazas para la supervivencia infantil». El programa de Unicef se encarga, en el terreno, de equipar a 16.000 trabajadores para la salud comunitarios que detectan posibles casos de desnutrición para que puedan recibir tratamiento. «A raíz de esta acción –aseguran desde la entidad– cerca de 35.800 niños y niñas fueron diagnosticados de desnutrición aguda, de los cuales la mitad pudieron ser derivados a centros de salud».

Por último, hubo 13.500 euros para que Proclade tramite ayuda humanitaria en la zona fronteriza entre Haití y República Dominicana, donde también se dan graves problemas de inseguridad alimentaria. Entre otras medidas, distribuyen kits de alimentación de emergencia, sobre todo para mujeres embarazadas y lactantes y menores. De forma paralela, se entregan semillas para cultivos de rápido crecimiento, para que las familias puedan aprovechar mejor los recursos disponibles y autoabastecerse de alimento.

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